La mar als teus ulls, 
traspassant les fronteres d'aquest deliri constant 
que em posa la teva mel als llavis 
i intensifica l'onada del meu batec transversal. 
L'èxtasi expandint-se per les meves artèries 
-carretera aural dels sense sentits-, 
i el ritme de ton cor galopant a la meva pell, 
grimpant per les extremitats del meu cos. 
És la fesomía d'aquesta irrealitat, 
condemna carnal que ens ofereix de sacrifici als déus més rabiosos 
pel nostre pecat infernal, 
foc terrenal deïficat pel vent, 
i ens transforma en animals ferotges guiats per un únic impuls: 
l'ànsia, 
que ens devora el temps 
i l'empresona entre els teus pits, 
vall deurada on roman, inalterable, 
el desig que s'alimenta de la nostra voraç intensitat.


Aquetzalli en la distancia.



Danzo en tu fuente
para que el agua vuele hasta tu orilla,
para que el viento la arrastre hasta tus pies descalzos.
Pero este desierto que nos separa
absorbe cada molécula que pasa a través.
Mi azul no te alcanza,
se deshace con el gris, en lo opaco
(el tiempo)
y se transforma en verso,
naces
poesía.
Tu arte imitado por mi luz
en este oasis que recrea tu esencia,
tu ausencia,
y te revivo.
Mis aguas se desbordan,
me engaña la inconsciencia,
y te siento
clavando ojos, uñas, dientes,
desgarrando entrañas,
devorando el último rastro de éter.
Todo
sin llegar
a mirarme la piel,
solo el anhelo
de lamerme las heridas,
la miel.

Batec.


Si me desvisto no será para que el frío me abrace otra madrugada de diciembre.
Si recorren mis manos esta piel que habito no será para llenar el vacío que el invierno ha dejado en mi cuerpo.
Es el calor, tu aliento, el que recorre en esta oscuridad el deseo que delimitan mis extremos, 
ángulos sedientos que buscan encontrarse fuentes desbordantes rozando mis pechos, 
el aire retorciéndose de placer desde mi ventana.
Catarsis, el éxtasis frenético que acelera el ritmo sanguíneo de mis ansias, 
mi desnudez apurando tu recuerdo, 
un silencio abrumando a la nada, abriéndome las piernas con prisas, con ganas. 
Y me devoras, tú y el tiempo,
la ausencia que me cubre las espaldas por las noches.
Me desatas la fiereza.
Me abandona la decencia,
puro deseo instintivo, animal,
estremecer hasta aborrecer lo mundano
si es el arte que nos habla,
si es la intensidad que nos grita
desde el otro lado de la cama,
debajo de las sábanas y nos deshace,
como me deshago imaginándote
encima de mi lecho
flores yermas renaciendo por tu boca,
luz infinita,
ambrosía,
y el destello de tus gemidos acelerando mi ritmo,
tu voz retumbando en mis compases, sientiendo la vehemencia de tu fuerza elevándome hasta el cielo.
No se consumen mis ganas,
lo hace la espera.
Yo te revivo en la soledad de la noche.

30 de septiembre, 2015.


Hoy la muerte camina con los pies descalzos,
hoy la muerte tiñe de negro nuestro cielo
y se cuela de lleno en nuestras almas.
Hoy, último día gris de septiembre,
muere el último destello angelical de mi infancia,
me abandona a mi suerte,
abre una herida en mi pecho
latente vacío que me evoca a la nada,
y el recuerdo se hace presente.
Un trago del café más amargo
antes de la noticia que presentía
mi cuerpo alterado.
No solo llueve sobre asfalto,
se esconde tormenta en la mirada.
Pero el chirriante sonido de los vagones,
el insaciable estruendo en los andenes
no consigue alejarme de mi duelo
y temo,
ante la inevitable caída del gigante,
el irremediable destino del desconsuelo.
HOY MUERE MI INFANCIA,
me sacude vorazmente la sesera,
y me dejo deshacer en la memoria
con la cabeza bien alta
para mitigar el golpe.
Pero ella merece más
que un par de palabras sucias
que ansían aliviar la amargura
que provoca su ausencia corpórea.
Menudo personaje, el: 
cien cañones por banda
y viento en popa a toda vela 
no corta el mar
(lo corta ella)
se desvanece frente a la fuerza de sus alas
Pero este sabor acre que deja
un viaje interminable
y una despedida a medias
no lo desgasta ni el beso más dulce
que unos labios jamás hayan dado.
Sigo,
por la paz que me traen su nombre
y su imagen,
tan ligados a mi niñez como las cerezas a mi tierra,
por encontrarnos de frente en el silencio,
en cualquier instante recóndito
que me lleve hasta ella,
que me lleve a encontrarla en mí.
Te sigo...