Vuelve a llevarse estas palabras el viento.
desgarra la gélida brisa
que acaricia mi sueño,
que ensancha tu recuerdo.
Vuelvo a sentirte muy dentro. 
Esta sangre
 náufraga en océanos de tempestades
ha cogido la mala costumbre de izar la bandera del duelo
al echar su ancla en tu vientre. 
Ya no vuelan versos en el aire,
y la noche yace
irremediable
en la soledad del oscuro. 
El cielo,
esta inmensidad que castiga la mano astuta que golpea
insaciable
mi cabeza
ha decidido detenerse un instante
en mi ventana.
Y parece que ha dejado de llover,
o es que el tiempo ha trastornado mi equilibrio y me ha
(me he)
precipitado.
Ya no siento.  
La verdad innegable de caer se ha vuelto desierto.
Esta noche. Quédate.
Golpea más fuerte y podrás disparar desde adentro.
Estas venas mías ya no encuentran agua
y rechazan cualquier otro venendo.
Te quieren a ti,
o a tu dulce forma de quitarme el aliento,
de sacarme las entrañas y llamarlo libertad
como quien llama a comer. 
Aún me queman las heridas de tu fuego,
las escucho llamar al silencio cuando todo parece estremecer,
y se esconden en el fondo,
y se cubren de tristeza,
a veces pintan en el aire,
o desnudan sin decencia el alma de otra mujer.

Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik,

París, 9 de septiembre de 1971.

Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estés ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y demás no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.  
Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

Julio

"Este día y en este lugar", 
pero yo soy viento.


L'obscurité des eaux, Alejandra Pizarnik


Escucho resonar el agua que cae en mi sueño. 
Las palabras caen como el agua yo caigo. 
Dibujo en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis aguas, 
me digo mis silencios.
Toda la noche espero que mi lenguaje logre configurarme. 
Y pienso en el viento que viene a mí, permanece en mí. 
Toda la noche he caminado bajo la lluvia
desconocida. 
A mí me han dado un silencio pleno de formas y visiones (dices).
Y corres desolada
como el único pájaro en el viento.